En industrias como la biotecnología, los productos farmacéuticos y el procesamiento de lácteos, los equipos deben ser sometidos a una limpieza y esterilización rigurosas.Las rutinas de limpieza en el lugar (CIP) y vapor en el lugar (SIP) a menudo exponen los sensores a productos químicos agresivos y cargas térmicas extremasPara sobrevivir a estas condiciones, un sensor de conductividad debe estar calificado para temperaturas de hasta 120°C o 135°C.El uso de un sensor estándar en estos entornos conduciría a la falla del sello interno o polarización del electrodoModelos de alta temperatura, a menudo fabricados con acero inoxidable de grado alimenticio 316L o PSS (polisulfona),están diseñados para mantener la integridad estructural y la precisión de medición incluso durante un ciclo térmico rápido.
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El controlador de un solo canal juega un papel vital aquí al utilizar su medición de temperatura para verificar que se ha alcanzado la temperatura de esterilización.el controlador supervisa la conductividad y el TDS para detectar la concentración de agentes de limpieza (como el sodio cáustico o el ácido)Una vez iniciado el ciclo de enjuague, el sensor rastrea la disminución de la conductividad, señalando al operador exactamente cuándo el sistema está libre de productos químicos y listo para la producción.Con presiones nominales a menudo requeridas hasta 10 bar para manejar bolas de pulverización de alta presión, estos sensores especializados aseguran que la higiene y la eficiencia del proceso nunca se vean comprometidas.
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